Edición: Austral
Traducción: José María Valverde.
Páginas: 669
Publicación: 1851
En esta edición: 2019

Sobre el autor
Nació en 1819 en Estados Unidos y dedicó su vida a la escritura como novelista, poeta y ensayista. A los dieciocho años se embarcó por primera vez en un buque de carga, pero fue un poco más tarde que inició sus andanzas en un barco ballenero llamado Acushnet. Al llegar a la isla más grande de las Islas Marquesas, abandonó el barco junto a un compañero y acabaron capturados por una tribu de caníbales de los Mares del Sur, al poco tiempo fué vendido a otro barco ballenero, y al desembarcar en Tahití fue acusado con el resto de la tripulación de amotinamiento, razón por la cual fue encarcelado, y posteriormente liberado.
Después de estas experiencias, volvió a embarcarse en otro barco ballenero, el Charles and Henry con el que llegó a Maui donde vivió unos meses. Desembarca definitivamente en 1844 en Boston, y tras estas experiencias en diversos barcos balleneros decidió escribir diversos relatos y novelas relacionados con sus aventuras en los barcos balleneros y con los caníbales, que le dotaron de cierto reconocimiento en el círculo literario de Nueva York.
En 1850 conoció a Nathaniel Hawthorne, una amistad que influyó mucho en Melville como inspiración en su obra, esto nos hace llegar a la conclusión de que Hawthorne influyó en la obra de Moby Dick, que fue publicada por primera vez en 1851, la obra más conocida de Melville, que se la dedicó a su amigo Hawthorne. La relación entre ambos se enfrió a partir de 1852, por motivos que ‘desconocemos’ aunque podemos llegar a intuir.
En 1857 escribió su última novela El estafador y sus disfraces. La crítica con la obra de Melville le fué bastante adversa en su tiempo con algunas de sus novelas, ha sido posteriormente, que algunas de estas han visto acrecentada su fama.

Sinopsis
Moby Dick narra la historia del capitán Ahab, cuya sed de venganza le lleva a recorrer los mares sin descanso a bordo del ballenero Pequod en busca de su Moby Dick, la enorme ballena blanca que, años atrás, le amputó una pierna en un feroz enfrentamiento. Toda su existencia gira en torno a una idea fija; volver a encontrarse con el monstruo, darle caza y acabar con su vida. Sólo entonces podrá descansar en paz.
Para Melville, la caza de la ballena se transforma en una epopeya mitológica donde los arponeros son como semidioses. Ahab guarda claras analogías con Satán, el dictador del infierno, el seductor, el viajero cósmico entregado a una desesperada venganza. Su determinación y su espíritu indomable llegan a confundirse con la fatalidad de su destino. El odio que siente hacia Moby Dick no proviene de la evidente superioridad física de la ballena, sino de la superioridad intelectual que él le atribuye [Sinopsis de la editorial Valdemar]

Opinión
El Moby Dick de Melville es quizá uno de los clásicos a los que más miedo tenía, y si no se hubiera propuesto como lectura conjunta seguro que habría estado en mis estanterías mucho tiempo acumulando polvo.
Nos embarcamos en el Pequod de Ahab a través de la mirada de Ismael, y con él vamos descubriendo a diversos personajes que también están navegando en este ballenero.
La novela tiene un inicio muy potente, con la presentación de los personajes y la sorpresa de las primeras tramas, la relación entre Ismael y Quiqueg, uno de los arponeros del Pequod, tiene connotaciones homosexuales que para nada me esperaba y que me ha encantado encontrar.
Con estos capítulos de acción, Melville entrelaza capítulos de tipo ensayístico sobre la caza de la ballena, la blancura de la ballena, las tipologías de ballenas,… entre otros MUCHOS, que para qué nos vamos a engañar, a mí se me hicieron algo pesados.
Hacia las últimas 100 páginas, el viaje a bordo del Pequod se vuelve trepidante y estas últimas páginas vuelan solas.
Cuando llegas al final de la novela te das cuenta que todo lo que te ha contado Melville sobre las ballenas era necesario para entender, disfrutar y sufrir ese final y que el viaje a lo largo de las casi 700 páginas a bordo del Pequod ha merecido la pena.
Es un libro duro, que en ningún momento me planteé abandonar porque lo leí acompañada, pero si el viaje hubiera sido en solitario, dudo que lo hubiera acabado. Y a pesar de ser una lectura difícil y densa, me ha gustado y el viaje ha merecido la pena.